Música

lunes, 9 de febrero de 2009

Esfinge

"Con nieve por carne y hielo por corazón me siento en lo alto, insospechada esfinge envidiosa de los actos que alteran las formas; jamás río, jamás lloro..."

(Charles-Pierre Baudelaire)

martes, 3 de febrero de 2009

Lágrimas de Diosa


"El viento descargaba toda su furia sobre el acantilado, las olas golpeaban con fuerza contra la costa que resistía los embates de la tormenta proveniente del mar Céltico. Él estaba de pie sobre el acantilado, desafiante como las rocas sobre las cuales se posaba. Una mano se extendía hacia el océano, como queriendo ponerle un alto a la catástrofe que se avecinaba, con la otra sostenía la espada dispuesto a atravesar el corazón de quien había amenazado su tierra y su hogar. La túnica oscura ondeaba alrededor de su figura con la misma furia del vendaval, sus ojos azules se habían oscurecido por el poder que emanaba de su interior.

El odio quemaba su cuerpo, abrasaba sus entrañas en un puño helado, pero no ensombreciendo su juicio ni nublando sus sentidos. Canalizaba todo el poder del que era capaz en un sentimiento: venganza. Venganza por los que habían sido suyos y no lo eran más y por los que no pudieron llegar a ser. Era su deber, como el último con poder en la larga línea de descendencia de su familia, ponerle un fin a todo. El rayo vino a él quien lo tomó, lo domó como a un animal salvaje y lo lanzó fuera de sí como una flecha roja de sangre que se perdió entre las nubes de tormenta.

Así lo veían ellos sin saber que pronto aquel recuerdo sería solo una imagen difusa de los últimos momentos de vida de su hermano mayor. Ocultos más allá, detrás de las rocas que los protegían del viento, una niña y un niño de idénticas facciones observaban al joven hombre enfrentarse a la tormenta usando el poder que le había sido concedido para un fin que sus jóvenes mentes aún no lograban comprender.

Cuando el rayo se perdió en la inmensidad del firmamento creyeron que todo había terminado, que su hermano volvería con ellos y podrían volver a casa, pero no fue así. Las fuerzas parecieron abandonarlo e irremediablemente su cuerpo se precipitó por el acantilado hacia las negras aguas del océano con su continuo golpear de sus olas contras las rocas.

Dos pares de brazos tomaron a cada niño de la cintura impidiéndoles abalanzarse en pos de su hermano mayor caído. Los adultos los tomaron en brazos y con lágrimas en los ojos y, con el corazón sangrante en un puño, dieron la espalda a la escena presenciada. Debatiéndose débilmente, ambos niños observaron sobre el hombro de sus padres por última vez el acantilado donde la silueta de una mujer de cabello rojo como el fuego se recortaba contra el horizonte. Su rostro de giró mostrando las lágrimas que corrían por sus mejillas desde sus ojos verde oscuro atormentados, los ojos de una diosa que lloraba por el guerrero perdido en la batalla. El viento seguía soplando haciendo que la falda de su vestido negro se abriera como un abanico a su alrededor y ondeando sus rizos de fuego. Tan rápido como había aparecido, la mujer se esfumó y voló lejos en la forma de un cuervo negro como la noche que no tardó en perderse en la oscuridad de la tormenta...."

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Synchronicity

Synchronicity
-Yui Makino-

Toda aquella calidez
¿dónde se quedará?
Puede cada amanecer
se pierda una vez más.

Si el latir del corazón
es uno para los dos
lograremos soportar
las caídas y el dolor.

Siempre iré, siempre iré
donde quiera que estés
sin pensar, ni importar
la distancia que mi alma tenga que vagar.

Aún sin ver en la oscuridad
lo que sentimos es lo que nos guiará,
como las aves siempre buscan volar
abrimos nuestras alas en paz.

Aún en medio de este dolor
esa sonrisa tuya sobrevivió,
atravesó mi pecho para dejar
tan descubierto que yo en verdad te quiero abrazar.

Por siempre…

sábado, 22 de noviembre de 2008

La Belle Dame sans Merci

IX

Y entre el musgo sucumbimos al sopor
y allí soñé – ¡Ah! ¡dolor!
El último sueño que jamás tuve
en la pendiente de la fría colina.

X

Vi pálidos reyes, y príncipes también,
pálidos guerreros, todos con la palidez de la muerte;
ellos gritaban – ‘¡La bella dama sin piedad
te ha esclavizado!’...

(John Keats)

Decían los ancianos de aquellas épocas: "Cuídate, hijo mío, en tus viajes, 'la bella dama sin piedad' ronda a los hombres, muchos llegan a sus brazos y pocos vuelven...". Pero aquellos jóvenes sedientos de aventuras no resistían al llamado de Lamia, la belle dame sans merci.

Conocí a un viejo quien de los brazos de Lamia todos cuentan escapó y cuya alma esclavizada liberó. Cuando joven y aventurero caballero él era, a través de un bosque una noche hubo de pasar y de entre los árboles, a la pálida luz de la luna, surgió ante él la más bella criatura que vio jamás. Acercose con movimientos seductores hacia él, atrayéndolo con su mirada de ojos salvajes, llamándolo con su canto de sirena de los bosques, y él reconoció en aquella hermosa doncella a Lamia, la belle dame sans merci, mas al encanto de su llamado no se logró resistir.

Su montura abandonó e inclinose ante tan dichosa visión, en oficial acto de rendición.

"Oh, hermosa dama Lamia, si has de tomar mi vida con gustoso os la ofreceré..." ofreció el caballero tomando una nívea mano que le era ofrecida y depositando un suave beso sobre ella, pues era tal su belleza que sólo de la mano de un ser tan magnífico aceptaría un hombre terminar su vida.

La belle dame sans merci inclinose a su vez hasta acercar su rostro al del hombre quien, ensimismado en el ároma a primavera de Lamia, no dudó en aceptar la caricia de sus labios rojos que se abrieron como pétalos de rosa invitándolo a explorar su boca, a perderse en la suavidad de su piel, a entregarse a 'la bella dama sin piedad' mientras la noche lo cubría con su oscuro manto diamantino.

Y nada de pálidos reyes y príncipes también, ni pálidos guerreros que gritaban "¡la bella dama sin piedad te ha esclavizado!" pues en la mañana el caballero seguía con vida, sobre las ropas que habían servido de lecho para los amantes. La belle dame sans merci tomó un último beso y alejose por el camino entre los árboles.

Triste siempre fue la historia de Lamia, condenada a vagar por los bosques en busca de caricias, de besos, de amor... por eso atraía a los hombres a sus brazos, para tomar aquello que le fue arrebatado y absorverlo para sí dejando un cuerpo vacío y sin vida, mas he aquí a este joven caballero cuyo corazón supo dar vida y amor en un simple acto de entrega. Así liberó de la maldición de los dioses a Lamia, la belle dame sans merci.

Amor

"Cuando se está enamorado el aire es más puro y la fragancia de las flores más dulce..."

En términos científicos podemos suponer que el cuerpo humano responde a un estímulo agudízando los sentidos y percibiendo el mundo con más claridad de la normal... en mis propios témirnos sólo puedo decir que el amor no se puede medir con un método científico. El amor supera todas las barreras que como humanos hemos impuesto sobre nuestra especie y nuestra persona; el amor no entiende de compatibilidad porque si en verdad se ama poco importa la forma de ser o pensar del ser amado solo el hecho de amar...

jueves, 13 de noviembre de 2008

Espejo

Tantos espacios, tantos mundos y henos aquí
como reflejo del otro en el espejo
donde todo es igual y al mismo tiempo es contrario.

Sacriventu

"Sacriven-tu Karma ser Gîn terhüm Clamda"
"El sacrificio por lo amigos deja de ser una carga cuando compartimos el valor."

(Crónicas del Milenio de Plata, Leo Valencia)

lunes, 20 de octubre de 2008

El Valle del Silencio

"Te veré a la luz de las velas, extendiendo los brazos hacia mí, llevándome hacia una luz que no había conocido antes..."

(Nora Roberts, "El Valle del Silencio")

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un suspiro

¿Qué es un suspiro?
-Ale Olvera-

Es una lagrima que jamas cayó,
es un momento en la memoria,
una confesión jamás hecha,
una pregunta que jamas te atreviste a hacer.

Un suspiro es ese vacío que no puedes llenar,
un recuerdo que no puedes borrar,
una ilusión que se niega a morir.

Un suspiro es todo lo que callaste,
un pasado atrapado en ti,
que no encontró otra forma de salir.

jueves, 2 de octubre de 2008

Decisiones

Las espinas de los arbustos se aferran a mi pantalón con fuerza desgarrando la tela y provocándome profundos cortes de donde mana la sangre que, yo sé, será el rastro perfecto para el cazador. Corro con toda la velocidad que mis piernas me permiten a pesar de saber que mi resistencia no soportará por demasiado tiempo la carrera. Los árboles se aparecen en mi camino obligándome a hacer uso de mi agilidad para esquivar las raices y no perder el equlibrio y caer quedando a merced de mi perseguidor. El ruido de las ramas al romperse me da la señal que necesito. La adrenalina se dispara por mi venas aumentando mi velocidad y haciéndome olvidar el dolor punzante que insiste en mi costado y el ardor que me provocan las heridas de mis piernas. Sigo corriendo.

Supongo que está bien. Me refiero a eso de dar la vida por otros. Jamás había contemplado el sacrificio como una opción, podía arriesgar mi seguridad por la gente que quiero, pero no dar mi vida a cambio de otra, no me parecía algo del todo bueno. Pero ahora, con la muerte cubriendo mis pasos, no me parece tan malo, incluso siento que es una forma noble de morir... a cambio de la mujer que amo.

Todo comenzó el día que decidí tomar el camino corto, que jamás usaba, al dirigirme a casa desde la universidad. Era el camino que cruzaba el bosque en el cual ahora mi vida se ve reducida al juego del gato y el ratón. Hace tiempo que no me gustan los bosques y sigo sin saber que extraña fuerza me impulsó a tomar aquel camino que me daba escalofríos, talvez la necesidad de superar por fin aquel miedo o solo el destino que había decidido tomarla en mi contra, pero lo importante es que en el pequeño claro, parecido al lugar donde solía jugar con mis primos antes del incidente que me dejó aquel trauma de por vida, fue la primera vez que la vi...

Su cabello castaño rojizo era corto como el de un chico y rebelde, cada punta apuntando en una dirección distinta. Sus facciones finas y su figura tan delicada me hacían pensar inmediatamente en hadas y duendes. Estaba sentada en medio del claro donde un rayo de sol iluminaba su silueta y la hacía ver como una aparición... una muy atractiva aparición. A pesar de que sabía que no era muy prudente, me quedé mirándola con la boca ligeramente abierta, embelesado. ¿Que puedo decir? Despues de todo soy hombre.

Ella no parecía darse cuenta de mi descaro, se veía bastante ensimismada en un libro del que no alcanzaba a ver gran cosa salvo la portada de pasta dura y que obviamente no era nueva. Como saliendo de su ensoñación, la joven alzó su rostro y nuestras miradas se encontraron. Fue en ese momento que mi destino quedó escrito en piedra, pero aún si lo hubiera sabido creo que habría continuado ya fuera por curiosidad o porque valdría la pena terminar con mi vida solo por permanecer a su lado.

Nos vimos más veces, por lo que no creo haberle causado tan mala impresión tomando en cuenta mi cara de deslumbrado. En esos momentos el bosque ya no me parecía tan desagradable con su imagen de reina de las hadas como fondo. Nos hicimos amigos muy rápido, talvez demasiado tomando en cuenta que éramos dos completos desconocidos, era la primera vez en mi vida que me sentía tan completo. Quizá de no haber estado tan ensimismado en nosotros me habría dado cuenta antes, ya que, cuando un hombre como yo comienza a jugar al "atrápame si puedes" con una chica, es que esta enamorado

Pasaron las semanas, luego los meses, y éramos inseparables. Cada tarde nos veíamos en el mismo claro y hablábamos, ya a estas alturas no recuerdo exáctamente de que, talvez no me importaba con tal de seguir observando sus labios danzar al ritmo de su dulce voz. Podría haber pasado mi vida entera solo escuchándola. Hubiera querido preguntarle tantas cosas más, pero el tiempo parece estar siempre en contra y ahora es una sola duda la que carcome mi mente mientras continúo la carrera por mi vida... ¿Por qué nunca le pregunté sobre él? Aquel que es ahora mi perseguidor... su padre.

Me decía que vivía con su madre, pero nunca tuve el valor suficiente para preguntarle por su padre directamente. Creía que talvez había muerto y aquello era lo que causaba que sus brillantes ojos del color del chocolate se oscurecieran con la sola mención de algún otro miembro de su familia. Debí haberlo supuesto... debí haber sido mejor amigo para ella... No. Simplemente debí haber confiado más en nuestra amistad... debí haberle demostrado lo que significaba para mí.

Aquel hombre había dejado una marca profunda en su familia, más dolorosa y más notoria que la única cicatriz que deformaba la nívea piel de ella, pero yo fui demasiado ciego. Él tomaba. No era uno de aquellos juerguistas de fin de semana que sale con sus amigos a algún bar conocido a pasar un rato a recordar los buenos tiempos y hablar del porvenir. Él era un cerdo. Un canalla disfrazado con un impecable traje de Hugo Boss que bebía whisky fino y golpeaba y abusaba de su familia cuando lo creía conveniente. Era abogado, y uno bueno debo decir, lo reconocí atraves de la bruma que serpenteaba bajo el cielo nosturno, pero no porque hubiera leído una noticia en la que aclamaba sus victorias en la corte, yo lo recordaba de otra forma. Recordaba a un hombre ebrio de odio y alcohol, embutido en un traje que había perdido su elegancia y con una pistola en la mano. En las cercanías nos llegaba el sonido de varias sirenas policíacas.

Hacía ya 10 años del incidente y aún puedo ver el rostro desencajado del hombre apuntándonos con el arma y jalando del gatillo. Disparó tres veces, cada disparo dirigido a uno de nosotros. Ninguno de los tres resultamos heridos, tan ebrio estaba que no podía apuntar a unos niños apostados a un par de metros de él inmóviles por el terror. La policía arrivó y él obtuvo su sentencia por violencia intrafamiliar, maltrato e intento de asesinato... pero no debió ser suficiente ya que ahora, después de sólo 10 años, ha conseguido librarla con una fianza de algunos miles y está tras de mí intentando regresar a prisión de por vida por asesinato en primer grado.

No me importa, solo sé que ella está a salvo. Es una chica lista, ya debí haberle dado el tiempo suficiente para llamar a la policía después de que su padre arrivara a su casa y tratara de retomar la vida que había dejado atrás. Y yo también estaba ahí, y lo enfrenté, y sé que reconoció en mí a aquel niño que no pudo matar en el bosque, y lo provoqué para sacarlo de ahí, para perseguirme y alejarlo de ella.

No me arrepiento de haberla conocido, no me arrepiento de haber continuado, no me arrepiento de mi decisión. Lo único que pesa en mi corazón es no haberle dicho lo importante que era... que es ella para mí. Mis piernas fallan, comienzo a trastabillar y mi cuerpo cae irremediablemente al suelo. Escucho las sirenas, los gritos de la policía que ha encontrado los rastros de mi sangre, pero no llegarán a tiempo, no esta vez.

¿Es mi destino? ¿Es el resultado de mis decisiones? Sea lo que sea lo aceptaré porque, después de todo, fueron mis decisiones.
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Una pequeña historia que escribí para literatura moderna y que me dieran puntos extras, jejeje n.n